Educar en época de confinamiento: La tarea de renovar un mundo común
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EDUCAR EN ÉPOCA DE CONFINAMIENTO:
LA TAREA DE RENOVAR UN MUNDO COMÚN

 

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LA CONDICIÓN HUMANA: ALGUNAS LECCIONES DE SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

José Beltrán y Mar Venegas (coord.) [1]; Alícia Villar-Aguilés, Sergio Andrés-Cabello, Diana Jareño-Ruiz, Pablo de Gracia-Soriano [2].

En resumen, lejos de que la educación tenga por objeto único o principal al individuo y sus intereses, es ante todo el modo a través del cual la sociedad renueva constantemente las condiciones de su existencia.

Émile Durkheim: Lección inaugural del curso de pedagogía (Educación y sociología, 1922).

La educación es el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes, será inevitable. También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la tarea de renovar un mundo común.

Hannah Arendt: La crisis en la educación (Entre el pasado y el futuro, 1961).

La presentación del número anterior (RASE, enero 2020) finalizaba gradeciendo el compromiso académico de todas las personas que hacían posible la revista e invitando a lectores y lectoras a enriquecer la conversación con el mundo social y educativo.

Ante la pandemia en la que nos encontramos a escala global, el equipo editorial de la RASE ha querido hacer público y compartir con la comunidad científica y educativa su compromiso para contribuir al análisis, comprensión e intervención sobre un fenómeno inédito que comenzaba a generar tantas inquietudes como interrogantes. Para ello, y tras mantener algunas reuniones con un carácter de urgencia, se planificó este número que ahora se edita, un mes después de enviar las invitaciones de colaboración a autoras y autores, y a agentes sociales y educativos entrevistados.

Nuestro punto de partida ha sido la consideración de que una sociología en acción que se pretende crítica y solidaria no puede hacer como si nada pasara. Más bien, la mirada sociológica –que interviene en aquello que mira– puede ofrecer sus herramientas de análisis para ponerlas al servicio de la sociedad de la que se nutre y a la que debe su sentido. «Frente a un problema dado, la deconstrucción sociológica debe considerar por qué éste impide pensar otros problemas o por qué la manera en que se habla de él no permite imaginar otras formas de postularlo» (Lahire, 2016: 70). Ahora que comienza a hablarse en términos de reconstrucción, tenemos que pensar que, para iniciar esta tarea hemos de llevar a cabo antes una labor previa de deconstrucción; esto es, de evaluación crítica y de cuestionamiento honesto de las condiciones humanas, de las formas de vida social y de las relaciones con el mundo que han hecho posible que esto esté pasando.

Desde una sociología en acción, y en una situación excepcional como la que vivimos, necesitamos propuestas de comprensión para la reconstrucción social y educativa. Y para ello, «en su tarea de desevidenciación de los problemas sociales» la sociología opera con «una variación imaginaria de perspectivas» (Lahire, 2016: 70-71). Es esta variación la que reflejan las aportaciones de estas páginas, que no dan nada por sentado y que ponen en tela de juicio lo aparentemente evidente, los supuestos del sentido común. Seguramente, eso esperamos, esta pandemia pasará (es previsible que a ésta sucedan otras), pero lo peor que puede pasar es que olvidemos que ha sido el resultado de decisiones y de acciones humanas. Sin duda, un fenómeno multidimensional como el de la pandemia es susceptible de múltiples interpretaciones y son algunas de ellas las que aquí quedan recogidas. De nada sirven ni las admoniciones a posteriori tan comunes, que sobre todo funcionan como coartada para exportar y delegar responsabilidades, ni el negar una realidad social que nos constituye y explica nuestra condición humana, una realidad a la que a su vez tratamos de dar explicación (sociológica, en nuestro caso) y en la que participamos con nuestras decisiones y acciones.

En 1933, André Malraux publicó La condición humana, una admirable novela situada en una revolución real en China (el lugar del que parece que ha irradiado esta pandemia) que, a modo de tragedia clásica, resaltaba las contradicciones de unos personajes en su lucha por reconocer la dignidad de los más vulnerables, expresando la fragilidad y la grandeza de la condición humana. Algo más de dos décadas después, Hannah Arendt publicaba un ensayo que sigue siendo muy inspirador, con el mismo título de la novela de Malraux. En el prólogo decía que lo que se proponía era muy sencillo: «nada más que pensar en lo que hacemos» (Arendt, [1958] 1993: 18). Precisamente eso es lo que sugerimos en este número, pensar en lo que hacemos y en lo que podemos hacer en lo sucesivo, a partir de las lecciones que entre todas las personas podamos aprender.

¿POR QUÉ UN NÚMERO ESPECIAL DE LA RASE PARA PENSAR LA PANDEMIA DESDE LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN?

Podríamos empezar esta presentación con una primera reflexión que nos sitúa en la lógica de la paradoja, propia de la tardomodernidad, aunque probablemente la Sociología tendrá que pensar ahora en un nuevo término para referirnos a este paradigma emergente con, y tras, la pandemia ocasionada por la COVID-19. Esa paradoja es el sentir generalizado que hemos podido captar en las personas que amable y altruistamente han querido contribuir con su voz a reflejar, desde múltiples posiciones sociales, un análisis sobre el impacto que esta terrible pandemia está teniendo sobre la educación: la paradoja del parón que el confinamiento ha supuesto a la economía y a la sociedad que, sin embargo, no ha hecho sino multiplicar las horas de trabajo digital, digitalizando también algo que hasta ahora en la historia de la humanidad había sido eminentemente presencial, los espacios y las formas de relación y sociabilidad. Esto ha hecho, asimismo, que el espacio privado de nuestros hogares se haya abierto a través de ventanas virtuales de par en par, para que miradas al otro lado de la pantalla entraran en él, con un cierto malestar consecuente, como hemos podido ver en algunas entrevistas, sobre todo cuando la falta de recursos institucionales o corporativos ha obligado a utilizar los personales, como el teléfono personal por parte del profesorado, por ejemplo.

Esta pandemia marcará un antes y un después en el ámbito de la educación. De nuevo, la paradoja entre el origen, que señalan algunas teorías, de la crisis en la tecnología de quinta generación, y cómo ha sido precisamente la tecnología la que nos ha permitido mantener el funcionamiento de la sociedad, aunque haya sido desde el artificio de la virtualidad.

Cabría preguntarse quiénes han sido los grandes perdedores de esta crisis en el ámbito de la educación. Aún es pronto para afirmar, a falta de datos precisos, y más allá de conjeturas. Sin embargo, el recorrido por las páginas de este número especial parece indicarnos que, una vez más, los grandes perdedores de esta pandemia son los colectivos socialmente vulnerables que más alejados están de una cultura escolar que pasa ahora por ser también una cultura digital, la cultura escolar de la era digital. Así lo recoge Rafael Feito en su artículo «Este es el fin de la escuela tal y como la conocemos. Unas reflexiones en tiempo de confinamiento»: En una intervención publicada en estos días, un profesor decía lo siguiente: ‘No os equivoquéis, mandar los mismos ejercicios, pero por plataforma no es competencia digital’ (Fórum Aragón, 2020: 24)».

Una de las cuestiones que atraviesan con mayor claridad las diversas contribuciones, académicas y sociales, de este número es la pregunta que se sitúa en el centro del debate actual para la sociología de la educación: cuál es la labor del sistema educativo, desde infantil hasta la universidad, en medio de esta situación compleja, extrema y crítica como es esta pandemia que afecta a toda la humanidad. Y, con ello, cuáles son los saberes, cuáles los aprendizajes, que habrían de ser relevantes para esa labor escolar en que la digitalización del trabajo escolar puede convertirse en un fin –el de las competencias digitales– y, sin embargo, ha de ser solo un medio para alcanzar ese fin que es la formación del sujeto político, de la ciudadanía, en el nuevo paradigma social emergente de esta crisis mundial. En definitiva, como reza en el título de este número especial, se trataría de abordar la cuestión de si educar en época de confinamiento está activando (o no) mecanismos, espacios, posibilidades, ocasiones… para aprender a vivir con las claves de la sociedad actual, renovando las condiciones de su existencia (Durkheim, 2007: 98) en un mundo común (Arendt, 1996: 208). Tal vez por ahí debiera ir la lección que esta situación de confinamiento tendría que enseñarnos.

Otro eje transversal a estas contribuciones, en línea precisamente con lo señalado en el párrafo anterior, es la centralidad de eso que Berger y Luckmann (2008) destacaban como clave en el proceso de socialización, la identificación afectiva entre profesorado y alumnado pero, de forma más generalizada también, entre los distintos agentes que componen la comunidad educativa y a los que hemos querido dar voz desde estas páginas, en las que encontramos tanta sabiduría como sensibilidad y humanidad.

Hemos visto también que varias personas, en sus entrevistas, nos hablan de las ayudas recibidas por parte de los gobiernos autonómicos, que son los que ostentan las competencias educativas, para cubrir las carencias por desconexión tecnológica de muchas personas (alumnado y familias), lo que refuerza la tesis de la brecha digital. Este hecho es reflejo de, y nos lleva a pensar sobre, el recurso a «lo público» en momentos de necesidad, aún estando plenamente en el marco de una orientación política marcadamente neoliberal, principal causante de esta pandemia, como muy bien explica Angélica Pérez (2020) en un magnífico artículo. Y el énfasis en estas páginas que muchas voces ponen sobre lo comunitario, lo colectivo, lo social, frente a voces y tendencias que están queriendo fragmentar aún más una sociedad altamente individualizada.

Algo que se desprende de todas las aportaciones que configuran este número es el esfuerzo y la necesidad de elaborar un nuevo vocabulario (un nuevo thesaurus, pues si algo encierra la educación es ese tesoro de las palabras), para dar cuenta de un fenómeno nuevo y para apuntar algunas alternativas que nos ayuden a salir del imaginario dominante que nos ha abocado a la situación que ahora experimentamos. Las páginas que aquí se recogen muestran el deseo de participar en la conversación para construir un relato diferente, porque, como decía el poema de León Felipe: «Yo no sé muchas cosas, es verdad,/pero me han dormido con todos los cuentos…/y sé todos los cuentos». Algunas palabras técnicas que ahora incorporamos a nuestro lenguaje común tienen efectos colaterales y anestesiantes, por uso y abuso (desescalada, triaje, EPI, serológico, mutualizar, test…), y otras son beligerantes: esas metáforas bélicas y hostiles utilizadas para referirse a la pandemia, una vez más con el recurso a la apelación a un enemigo «externo», útil para generar un tipo de cohesión social, olvidando que la violencia del virus no es ajena, sino que es doméstica, se ha generado siguiendo las reglas de nuestra propia casa (oikos nomos: las normas de nuestro sistema económico de producción sin límites). Por eso, frente a ese vocabulario que acaba deformando (el conocimiento de) la realidad, deberíamos hacer el esfuerzo de contribuir a una nueva gramática con la que manejar expresiones más claras, informadas y formativas con propósitos conscientes y significados más nobles: poner el auténtico nombre a las cosas –pronunciar el mundo, como decía Freire (1970: 104)– requiere buenas dosis de autocrítica, de pedagogía y también de sociología, cuyo lenguaje pasa por una exigencia de comprender y de expresar la realidad social, así como de describirla y reescribirla, más allá de los estereotipos del sentido común.

Si la respuesta es la pandemia, ¿cuál es la pregunta? ¿cuáles son los interrogantes (los dilemas, las paradojas) que suscitan esta respuesta, esta situación que ahora vivimos? Si algún hilo conductor cabe resaltar en todos los textos que aquí se dan cita es que intentan hacer aquello que es propio de la sociología: enfrentarse con honestidad a los hechos incómodos para participar en unas ciencias sociales al servicio de la democracia. Por eso también, todos los textos, junto con las entrevistas, se asemejan más a una conversación con el mundo social que a un monólogo privado, puesto que surgen de la experiencia y de la observación directa (ahora también mediada por las pantallas) de aquello que nos afecta individual y colectivamente.

Esto es lo que han hecho las autoras y los autores a quienes hemos invitado a participar en este espacio que hemos concebido como un lugar de encuentro, un lugar abierto al debate y a la deliberación que ha de estimular nuevas contribuciones en sucesivos números. En esta ocasión, la invitación adoptó la forma de un encargo desde la confianza que requería una respuesta de urgencia, con libertad en el formato, y por ello mismo sin seguir el curso habitual de evaluación ni los ritmos de composición propios de la investigación de los números ordinarios de la revista.

En la primera parte se reúnen nueve artículos diferentes de sociólogas y sociólogos (en su mayor parte, de la educación), de los cuales siete son de autoría individual y dos de autoría colectiva. Si bien todas las aportaciones están realizadas a título personal, cabe mencionar que algunas reflexiones se han llevado a cabo –atendiendo a nuestra sugerencia– desde una experiencia vinculada a la responsabilidad institucional que ostentan. En la segunda parte se recoge en torno a una veintena de entrevistas que se han agrupado por bloques para sistematizar el tipo de voces y agentes que se han prestado a responder a nuestras preguntas.

Este número se inicia con un texto de Manuel Fernández Esquinas, investigador del Instituto de Estudios Avanzados (CSIC) y presidente de la Federación Española de Sociología (FES). En este artículo, titulado «Sociología y ciencias sociales en tiempos de crisis pandémica», desarrolla una reflexión de escala amplia sobre el papel de la sociología, además de otras ciencias sociales, para analizar algunos aspectos sociales de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19. Manuel Fernández pone en relación estos aspectos con condicionantes sociales provenientes, entre otras, de la estructura social, la cultura y el poder. Cabe señalar que la FES ha abierto en su página web, desde el comienzo de esta crisis, un foro y un repositorio de contribuciones a nivel estatal e internacional dedicados al análisis de la pandemia, en coherencia con los criterios de transparencia y transferencia de conocimiento propios de la más importante sociedad científica de sociología en nuestro país. El artículo de Fernández Esquinas sirve como marco de comprensión, dentro del ámbito de la sociología, para el resto de artículos, elaborados desde la perspectiva específica de la sociología de la educación.

Leopoldo Cabrera, profesor de la Universidad de La Laguna y miembro del Centro de Estudios de Desigualdad Social y Gobernanza (CEDESOG), así como del Instituto de Investigación Social y Turismo (ISTUR) presenta el artículo «Efectos del coronavirus en el sistema de enseñanza: aumenta la desigualdad de oportunidades educativas en España». Como presidente del Comité de Sociología de la Educación (CI 13) de la Federación Española de Sociología, enmarca su texto en el efecto más directo de la pandemia  que ha provocado la suspensión de la Conferencia Internacional (SESE: Sociology of Education in Southern Europe) organizada por las asociaciones de sociología de la educación de Italia, Francia, Portugal y España, cuya realización estaba prevista a finales del mes de mayo y que se ha tenido que posponer al mes de mayo del próximo año, incorporando en la agenda de trabajo la reflexión sobre esta crisis pandémica. Con su texto, Leopoldo Cabrera llama la atención sobre el modelo educativo telemático implementado que «incrementa la desigualdad de oportunidades educativas» poniendo «de manifiesto las carencias materiales de dispositivos electrónicos en los hogares más desfavorecidos», a través de un pormenorizado análisis y tratamiento de datos a partir de fuentes estadísticas, documentales y entrevistas llevadas a cabo por el propio autor. El texto «muestra que la enseñanza telemática online actual, sin discutir sus bondades y apoyo para los procesos de aprendizaje, incrementa las desigualdades educativas del alumnado».

La siguiente contribución está a cargo de Marta García Lastra, profesora y ahora decana de la Facultad de Educación en la Universidad de Cantabria. El artículo lleva por título «Crisis, pandemia y fragilidades: reflexiones desde un ‘balcón sociológico’». La aportación de García Lastra, con un tono deliberadamente experiencial y desde el observatorio que supone su responsabilidad institucional, pone el acento en la fragilidad o la incertidumbre que ha generado una situación inédita, lo que le lleva a reflexionar sobre sus consecuencias sociales. La metáfora del «balcón sociológico» funciona como un potente recurso expresivo para reconocerse y conectar con la experiencia ahora común y cotidiana de confinamiento a la que nunca antes nos habíamos enfrentado, y que puede dar lugar a un nuevo escenario social «en el que se sucederán multitud de preguntas a las que la Sociología deberá dar respuesta al tiempo que soluciones para las consecuencias sociales de esta crisis».

Si el artículo anterior pone el foco de atención en la desigualdad de oportunidades, la aportación que sigue prosigue la reflexión desde una perspectiva de equidad y justicia social. En esta ocasión, la autora es Aina Tarabini, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigadora del grupo de investigación Globalización, Educación y Políticas Sociales (GEPS). El título de su artículo plantea un interrogante que abre a una serie de consideraciones: «¿Para qué sirve la escuela? Reflexiones sociológicas en tiempos de pandemia global». La autora sostiene que «la función principal de la escuela como institución especializada debe ser la transmisión y adquisición de conocimientos profundos, relevantes y con sentido para todos y todas las estudiantes» enfatizando la necesidad de reflexionar «no solo sobre los impactos de la situación actual sobre las funciones de la escuela, sino también sobre el sentido de la institución escolar en pleno siglo xxi», sin duda una cuestión relevante dentro de los debates de la sociología de la educación.

El quinto artículo es de Rafael Feito, profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) que presenta (como subtítulo) «unas reflexiones en tiempo de confinamiento» bajo el título «Este es el fin de la escuela tal y como la conocemos», inspirado en la pieza del grupo musical R.E.M. De alguna forma, este artículo podría muy bien ser una adenda o un capítulo añadido a su nuevo y reciente libro ¿Qué hace una escuela como tú en un siglo como este? (Feito, 2020), del que además se ocupa una reseña en este mismo número. Aquí el autor señala, coincidiendo con otros diagnósticos incluidos en esta revista y en otros medios, que en el escenario derivado de esta pandemia «las diferencias en términos de capital económico y cultural se agravan». Y anticipando que «si no se adoptan medidas radicales, es posible que este periodo sin docencia presencial pueda pasar factura a toda una generación». Haciendo de la necesidad virtud, «profesores, alumnos y padres y madres están accediendo a contenidos didácticos (…) que ponen de manifiesto que es posible aprender de otra manera, de un modo más autónomo». El autor argumenta la idea de que, pese a la gravedad del panorama, esta crisis puede generar una ocasión valiosa para redefinir en la escuela el papel del profesorado en términos de innovación y creatividad y para llevar a cabo una transformación profunda de la docencia en la universidad.

Desde una perspectiva que combina lo autobiográfico con lo social, objetivando lo subjetivo, Delia Langa-Rosado, profesora de la Universidad de Jaén, reflexiona a continuación «Sobre la impertinencia de las políticas austericidas: algunos efectos y reflexiones desde el ámbito de la universidad». Contra políticas impertinentes, preguntas pertinentes. La autora, tras cuestionar las nefandas medidas de recortes económicos destinadas a disminuir el perímetro de lo público y que se aplicaron en la última reforma universitaria, plantea una serie de interrogantes (de aquellos polvos, estos lodos) que no nos pueden dejar indiferentes: «¿No nos está quizá mostrando este escenario también un serio cuestionamiento de los engranajes institucionales que soportan la democracia? ¿Y no es, al mismo tiempo, algo que emerge ahora particularmente, como una especie de renovado sentido común, la idea de que solo entre todos, con más mecanismos colaborativos y de participación, lograremos salir de ésta?» Delia Langa apuesta por una «nueva gramática política de lo común» que pasa por, «entre otras muchas cosas, reforzar la educación, como derecho y como instrumento emancipador. Más educación, más aspiraciones, y aún más expectativas educativas, más posibilidades reales de llegar, incluso, a la universidad. También, y especialmente, para las hijas de las cajeras de supermercado, de las limpiadoras, de las cuidadoras…».

El texto que sigue, «La ficción de educar a distancia», se debe a Jesús Rogero-García, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Prosiguiendo trabajos previos, el autor sostiene, y fundamenta, que con la decisión de continuar el curso escolar de manera telemática, «el sistema no puede garantizar el derecho a la educación de todo el alumnado». El autor se pregunta por la presunción –la ficción– de que sí puede hacerlo, y sobre los efectos negativos que puede tener asumirla. El artículo finaliza presentando algunas propuestas de política pública para atenuar tales efectos.

Con el título «La escuela o el vacío completo», Vicent Garcia, Carles Hernàndez y Francesc J. Hernàndez, profesores de la Universitat de València (UV) el primero y el tercero, y promotor de Aprentell el segundo, arman una reflexión desde un cambio de escala o perspectiva (al que invitaba, entre otros, Wright Mills (1996: 206-236) en su apéndice «sobre artesanía intelectual»), sirviéndose de un símil pictórico. Una imagen que plantea el punto ciego al que nos remite la pregunta sobre la preocupación por la brecha digital antes del confinamiento por la pandemia, centrándose en «la diferencia de rendimiento en la situación anterior correlacionada con la disposición de mercancías domésticas». También sugieren «la posibilidad de extraer de Bourdieu y Passeron una teoría de la escuela como el medio cero o nulo», a partir de una interpretación poco habitual de la noción de arbitrariedad cultural.

Todas estas contribuciones nos invitan, sin duda, a una lectura reflexiva, crítica y bien fundamentada, que queda recogida en la primera parte de este número especial.

LAS VOCES DE LOS AGENTES EDUCATIVOS Y SOCIALES DE INFANTIL A LA UNIVERSIDAD

En la segunda parte de este número especial hemos querido recoger también una sección especial ad hoc, que no es sociológicamente representativa ni pretende serlo, pero sí es, en cambio, deliberadamente significativa, porque su cometido ha sido, más bien, el de abrir un espacio para dar voz a los agentes educativos que están protagonizando los procesos educativos y sociales a los que se refieren los artículos de la sección anterior. Este número de la RASE no hubiera completado su intención de generar un espacio de debate sobre la pandemia sin haber dado voz a sus protagonistas. Su valor no es, pues, la representatividad, sino la representación de fragmentos de una realidad cotidiana, la educativa en medio de la pandemia, que es la materia prima no solo de la sociología, sino de las reflexiones que la sociología puede ofrecer a la toma de decisiones políticas y sociales en este momento, así como para el diseño de las mismas a medio y largo plazo, escuchando a quienes han de ponerlas en marcha.

Así, a través de sus voces, hacemos un recorrido desde el primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años) hasta la Universidad, para poner en evidencia, y en valor, la diversidad de situaciones que atraviesan a nuestro sistema educativo en cada una de sus etapas, tanto a nivel laboral como en cuanto a prácticas educativas de adaptación del trabajo presencial al virtual. Encontramos, así, a todos los principales agentes educativos implicados en estos procesos: profesorado, incluyendo a los equipos directivos de los centros, alumnado, familias, representantes sindicales; incluso, hemos podido contar con un caso concreto desde diferentes contribuciones, como es el Centro Rural Agrupado «Los Olivos» de la cabeza comarcal de Cañaveras, en la provincia de Cuenca. A todas ellas y ellos queremos dar desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por la generosidad de su tiempo, sus experiencias y sus palabras. Nuestro balance sobre la situación y la capacidad de adaptación no puede ser más positivo, a tenor del compromiso con que los diversos agentes educativos están sabiendo hacer frente a esta difícil situación que nos ha abierto la pandemia. El balance nos lleva a hacer también una llamada de atención sobre la desigualdad educativa y social y sobre las consecuencias que esta crisis está teniendo y tendrá desde la mirada transversal de la desigualdad.

A continuación, recogemos brevemente algunas de las principales reflexiones a las que nos invitan estas entrevistas con las que podemos perfilar una visión global de la situación a través de sus protagonistas.

ESTUDIANTES Y TRABAJO ESCOLAR

Podríamos empezar preguntándonos si, en un momento tan difícil y lleno de retos como este, tiene sentido seguir enviando «cantidades exageradas de deberes» (alumna, 4º ESO, Cuenca) al alumnado, en lugar de aprovechar la coyuntura para promover un aprendizaje significativo para la vida sobre cuestiones relacionadas con la pandemia, la sociedad, las personas, la ciudadanía, los cuidados, la sociedad digital… El debate, en este sentido, se ha situado sobre una sensación de pérdida curricular, cuando podría ser un momento para aprender y crecer «de otra manera». Así lo ilustra una de las estudiantes entrevistadas: «no me entero de nada […], en muchas materias nos mandan copiar sin conocer realmente el objetivo de dicha tarea, y creo que no es el método más adecuado. Además, llevan muchísima velocidad, y están dando los temas muy rápido y sin detenerse lo que en condiciones normales se detendrían» (alumna, 1º Bachillerato, Cuenca). También una de las maestras afirma que «durante este tiempo de confinamiento se debería hacer más hincapié en que descubran lo valioso que es estar en familia, desarrollen autonomía, aprendan a hacer tareas que suelen hacer sus padres y que así tengan más tiempo para estar juntos… Esto también es aprender y, sobre todo, ser» (maestra de infantil, 0-3).

Si bien, compartir las tareas educativas con hijos e hijas es también valorado positivamente por las familias: «yo pienso que aunque nos ocupa tiempo a los padres, al ser una atención personalizada, al niño le está viniendo bastante bien, lo vemos más suelto en lectura y en escritura, sin duda está siendo positivo» (madre y enfermera, 42 años, Granada). Aunque todo el profesorado coincide, «por supuesto que creo que esta situación va a tener un impacto en el aprendizaje, depende de cómo lo tratemos este impacto será beneficioso o perjudicial. No tanto a nivel de contenidos, conocimientos […] como a nivel emocional» (maestra de infantil 0-3 años). También dependerá del nivel educativo y de cada estudiante, en cierto modo, pues «el alumnado desmotivado y/o disruptivo en el aula también lo está demostrando desde sus casas. Con todo ello, la nota positiva es que alumnado que en clase se dispersaba por las relaciones con sus compañeros, y que estaba teniendo un rendimiento bajo, está teniendo una respuesta positiva, entre otras cosas por un aumento de la motivación hacia el trabajo, derivada de la ausencia de otros factores que desviaban su atención» (director de IES La Laguna). Ahora bien, «también habría que hacer un apartado especial para el alumnado con necesidades de apoyo educativo. Con estas criaturas es más difícil trabajar en la distancia, para ellos es fundamental tener un referente que les motive y acompañe en el proceso de aprendizaje» (directora de CEIP València).

La formación profesional es la que plantea la mayor dificultad para la realización y el seguimiento virtual. Hay quien piensa que será necesario «considerar que habrá profesionales titulados con unas carencias profesionales. [… Además] el problema fundamental tiene que ver con el acceso a las tecnologías y con el capital cultural de la familia. En este sentido creo que nos hemos lanzado al uso de internet sin plantearnos algunas soluciones más sencillas y accesibles. Por ejemplo, a mis hijos les habría motivado muchísimo recibir una llamada de sus maestras: preguntarles cómo están, leer un rato juntos, contarles algunas cosas, recomendarles una película. Desde mi escasa experiencia personal hemos caído en la simplicidad de enviar deberes y de demostrar que los niños y niñas podían aprender porque el sistema se adaptaba correctamente» (profesor de FP, Alicante). Recordemos de nuevo que acceso a recursos TIC no es sinónimo de competencia digital.

PROFESORADO

Desde la educación infantil a la universidad nos encontramos con situaciones laborales muy dispares, destacando las salariales, desde la situación generalizada de ERTE en el ciclo infantil 0-3, hasta las situaciones más acomodadas de funcionarias/os a lo largo de todo el sistema educativo: «posiblemente, el hecho de que nos encontremos en el primer ciclo de Educación Infantil provoque pensar que tiene mucho sentido un ERTE y que no es necesario ninguna interacción con los alumnos. Hecho que no puede estar más alejado de la realidad, nos olvidamos constantemente que estamos sentando las bases de la personalidad de estos niños y que todo lo que hagamos para ayudarles en este proceso es poco. […] Este colectivo ya de por sí está muy precarizado y con todo esto, está empeorando nuestra situación laboral» (maestra de infantil 0-3). Esta reivindicación del profesorado de infantil choca con quienes utilizan aún el término guardería, en el sentido de «aparcamiento de menores» del que hablara Alberto Moncada y que implica la función de custodia de la escuela que refiere Aina Tarabini en su artículo.

«En general, profesorado, familias y alumnado están sometidos a un estrés brutal. El profesorado ha tenido que reinventar en tiempo récord otra forma de impartir clase y de relacionarse con los alumnos. Lo ha hecho, en general, aportando sus medios personales y sin orientaciones claras y sin pautas de desconexión digital, sintiéndose continuamente escrutados y evaluados» (responsable de FEsp-UGT). Por ello, cabe destacar «la profesionalidad de todo el profesorado […]. Estamos demostrando, y poniéndolo en práctica todos los días, que en cualquier circunstancia no queremos que nadie se quede atrás. Y evidenciando que la labor docente tiene un componente mayor de ética que de técnica» (director de Labastida). Es un sentir generalizado, «como profesora, creo que hasta en situaciones difíciles, de incertidumbre, hemos sido capaces de dar lo mejor de nosotros mismos. Ante la adversidad, nos hemos hecho fuertes y de un día para otro nos hemos visto envueltos en este sistema de enseñanza telemática para lo que antes nunca nos habían formado o preparado. Y resaltar como positivo que ahora muchos padres están valorando el papel tan importante que ocupa el profesorado en la formación de sus hijos; tanto a nivel personal como a nivel académico que hoy día está muy infravalorado » (maestra de infantil 3-6).

Parece haber una idea compartida entre el profesorado, «hemos de adaptarnos a cada una de las circunstancias; […] consideramos que el sistema (la escuela) se ha de adaptar a cada uno de nuestros niños y niñas y no al revés, como suele suceder en demasiadas ocasiones. […] En definitiva, decantándonos por la inclusión real y con una visión clara de equidad» (director de CEIP, Labastida).

FAMILIAS

Por su parte, las familias señalan que la mayor dificultad que encuentran en este momento es la falta de acceso o competencias TIC, a lo que se suman que algunas tienen que trabajar fuera del hogar, con el impacto que ello supone. «En cuanto a las familias, muchas han perdido sus posibilidades de conciliar vida laboral y familiar. Para quienes tienen la suerte de teletrabajar, está siendo muy complicado poderlo hacer con los niños en casa. Quienes se ven forzados a salir para realizar su trabajo tampoco tienen redes de apoyo y por último, quienes han perdido su trabajo viven una doble situación de estrés por la incertidumbre de su futuro» (responsable de FEsp-UGT). Esta constatación nos invita, sin duda, a retomar el debate sobre conciliación/corresponsabilidad, trabajos de cuidado, el término carga global de trabajo… «La mayoría de las familias han tratado de contribuir a la normalidad coordinándose y con tactando con los y las docentes, hay que entender que para todos ha sido una situación muy compleja y alarmante. De un día a otro cambia la manera de enseñar, el profesorado ya no está presente, están sus recomendaciones, la familia pasa a ser la que toma las riendas del proceso» (directora de CEIP, València). Será necesario analizar los posibles desequilibrios que todo esto esté ocasionando, una vez más, en la división sexual del trabajo, si se ha abierto una nueva posibilidad para la corresponsabilidad o se incrementan las brechas de género.

Incluso se nos ofrece alguna clave para empezar a cambiar nuestras prácticas con más adaptación a la cultura digital. «Con el dinero que se gastan las familias en libros de texto podrían comprar ordenadores portátiles sin problemas y no sería nada difícil que hubiera contenidos digitales para todos los niveles […]. Sin embargo, esto no se hace por el interés de las editoriales. Como además existe el bono libro, las familias no son conscientes del dinero que desembolsa la administración». (profesor de FP, Alicante).

BRECHA DIGITAL - VACÍO RELACIONAL

Pero, sin duda, si hay algún fenómeno social que se muestre de forma evidente como especialmente relevante en esta adaptación curricular digital, y las prácticas educativas que conlleva, es que persiste una brecha digital en nuestra sociedad, y que afecta al alumnado y sus familias: «hay un par de casos en mi clase que no cuentan con ordenador o conexión a internet, y están teniendo muchísimos problemas, a la hora de contactar con los profesores, y viceversa. Nosotros cada vez que llega algún mensaje nuevo, lo mandamos por el grupo de WhatsApp de la clase, para todo aquel despistado o para aquellos que cuenten con este tipo de dificultades» (alumna, 1º Bachillerato, Cuenca).

De ahí la especial preocupación mostrada por los organismos representantes de las familias: «Una cuestión que quiero enfatizar es que hay alrededor de un 20 % de familias que no disponen de ordenador o de conexión a internet. Esta cuestión es imprescindible para poder seguir la enseñanza no presencial. Aparte, aún las familias que tienen, algunas necesitan el ordenador por el teletrabajo de la madre y/o el padre, o bien, algunos progenitores han de desplazarse al lugar de trabajo, como el personal sanitario o el de ventas básicas. Esto dificulta el aprendizaje a este alumnado. También está la cuestión de la formación de las madres y los padres, un porcentaje no despreciable no puede acompañar al alumnado en sus tareas. Todas estas cuestiones hacen que esta brecha, ya existente de por sí, aumente. Hay un problema de falta de igualdad y equidad» (Confederación de AMPA Gonzalo Anaya-País Valencià).

A ello se suma una dimensión, absolutamente humana y social, que ninguna tecnología puede sustituir. «Es verdad que la tecnología ha permitido que podamos estar conectados e impartir clase a distancia, pero el contacto humano, el tocarse, abrazarse, compartir con iguales, y sobre todo a estas edades, es fundamental. Y ‘Sin emoción no hay aprendizaje’ […] A veces pienso que el sistema educativo no sé está adaptando en general a la gravedad de la situación, a las circunstancias de cada familia, y a su situación personal… A veces nos estamos centrado más en contenidos… que en los propios sentimientos de cada niño, de cada familia… Y yo me pregunto muchos días… ¿cómo es posible exigirle a un alumn@, o a una familia, que se conecte a cada hora, a cada asignatura, que de cada una de ellas haga las tareas, las envíe a su profesor… haga exámenes online… cuándo a lo mejor solo se dispone de un ordenador en casa y los papás tienen que teletrabajar, o son varios hermanos o peor todavía… ni siquiera saben esos papás si volverán a trabajar, si podrán poner la mesa cada día… Y atender las necesidades básicas de sus hijos, ya que debido a la pandemia se han quedado sin trabajo, o les han hecho un ERTE?» (maestra de infantil 3-6).

La situación se agrava cuando no se trata de una dificultad de acceso sino de una desconexión total. «Las desigualdades son tremendas. Más de la mitad del alumnado no puede acceder a las clases en línea. Y son muchos los que no entregan las tareas ni se sabe de ellos, ni su manera de trabajar. Esta situación no hace más que acentuar las desigualdades entre el alumnado de diferentes clases sociales y recursos económicos. La brecha digital es muy destacable» (maestra de primaria, Comunidad de Madrid).

A esa desigualdad digital se suman otras formas tradicionales de desigualdad escolar. «No a todo el mundo le resulta fácil avanzar por su cuenta en materia y entender él mismo los contenidos» (alumna, 2º Bachillerato, Granada).

HACIENDO UN POCO DE BALANCE PARA TERMINAR

Esta situación de pandemia global nos ha obligado a repensarnos como norte rico en un mundo profundamente desigual, marcado por hambrunas y epidemias que no habían afectado tan duramente al norte. Este hecho rompe un tanto esas fronteras centro-periferia de las que ha hablado Immanuel Wallerstein (1999), anticipando un futuro que comienza a ser nuestro presente. Se impone, con ello, la urgente necesidad de repensar los trabajos de cuidados, priorizar a las personas frente a las mercancías, poner en primer plano los valores y la ética. «Aprender a relativizar los problemas a partir de ahora» (madre y enfermera, 42 años, Granada). En un momento en que, más que nunca, se agrava la crisis endémica del Estado de Bienestar, si bien, se apela al papel del Estado y de lo público para hacer frente a esta crisis, y es que «podemos llegar a ser una sociedad tremendamente solidaria e insolidaria a la vez» (maestra de infantil, 0-3).

Pero, por encima de todo, «de cara a la educación, lo más importante es que tenemos que formar a personas con espíritu crítico y que sepan adaptarse a nuevas necesidades y a los cambios sociales (¡qué mejor ejemplo que éste!). Por lo tanto, debería servir para poner en un mejor lugar a la investigación y el pensamiento y ver que la experiencia, sin más, no sirve de nada» (profesor de FP, Alicante).

Y es que hay quien quiere ser optimista y pensar que «nos encontramos ante la posibilidad de repensar y rediseñar la escuela a largo plazo. Sería un error abordar el asunto centrándonos exclusivamente en el periodo de confinamiento (que va a ser un periodo muy corto de nuestras vidas). Aspectos del sistema educativo que llevan encima de la mesa mucho tiempo y que, por una u otra razón, no han sido abordados son esas costuras del sistema que en estas circunstancias están reflejando su debilidad. Por ejemplo: la evaluación (…), el currículum (…), la función docente centrada exclusivamente en la instrucción, la distribución del alumnado teniendo en cuenta el año de nacimiento, la necesaria personalización de los aprendizajes, los tiempos en la escuela (…), la necesaria armonía que ha de existir entre lo virtual y lo presencial, etc.». (director de CEIP, Labastida).

A MODO DE CONCLUSIÓN ABIERTA

Este conjunto de testimonios, experiencias y puntos de vista nos advierte que esta situación no puede legitimar otras pandemias como el deterioro de la educación. Y nos muestra que las ciencias sociales que contribuyen a la construcción de conocimiento tienen por objetivo proporcionar imágenes de la realidad más sistemáticas y más controladas, obtenidas por vías rigurosas.

Obtener esa claridad sobre la realidad social pasa por educar «la mirada sociológica», con la gramática y las herramientas propias de esa ciencia, desde una educación temprana. Tenemos ahora una ocasión privilegiada para ello. Como nos recuerda Bernard Lahire «la enseñanza pedagógicamente adaptada de algunos conocimientos de la sociología y la antropología en la escuela primaria cumpliría un papel crucial en la formación del espíritu científico de algunos alumnos. Se trataría de una respuesta adecuada (…) a las exigencias de formación escolar de los ciudadanos». No habría por tanto que enseñar tan pronto teorías o autores, «sino de transmitir hábitos intelectuales fundamentalmente vinculados con estas disciplinas: la exigencia de un modo de pensamiento relacional frente a los modos de pensamiento esencialista, la importancia de la comparación (…) La enseñanza podría apoyarse en la participación activa de los alumnos en verdaderas investigaciones empíricas». (Lahire, 2016: 85-86). Es ésta una cuestión pendiente para la sociología de la educación que ahora más que nunca cobra todo su sentido, pues es del todo insensata, además de una anomalía injustificable, la situación que tenemos en nuestro sistema educativo no universitario: una educación sin sociedad.

En el escenario de esta catástrofe, la mirada sociológica también ofrece algunas lecciones valiosas, entre otras: nos exige cobrar una mayor conciencia de las desigualdades sociales y educativas y de nuestro compromiso para revertirlas o al menos atenuarlas; nos invita a seguir reflexionando en medio de la protesta y como forma activa de protesta; nos recuerda que aquello que iguala a los seres humanos es nuestra frágil condición humana; y nos enseña, en consecuencia, a no perdernos de vista, a tenernos en cuenta para proseguir la tarea interminable y siempre renovada de educar y de educarnos, para cuidar(nos) mejor los unos a los otros y a nuestro propio mundo.

Si asumimos estas lecciones y otras que sin duda compartiremos, esta conclusión, más que un final, es un punto y seguido, pues, recordando el título de la película de Bertrand Tavernier (1999), «todo comienza hoy». Con estas palabras de esperanza cerramos esta presentación, agradeciendo, una vez más, a todas las personas que han hecho posible este número especial.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

PRESENTACIÓN

ARTÍCULOS

ENTREVISTAS

RESEÑA

 

NOTAS:
[1] José Beltrán, Universitat de València, jose.beltran@uv.es; Mar Venegas, Universidad de Granada, mariter@ugr.es.

[2] Alícia Villar-Aguilés, Universitat de València, alicia.villar@uv.es; Sergio Andrés-Cabello, Universidad de la Rioja, sergio.andres@unirioja.es; Diana Jareño-Ruiz, Universidad de Alicante, diana.jareno@ua.es; Pablo de Gracia-Soriano, Universidad Complutense de Madrid, pablodeg@ucm.es  Las autoras y autores de esta presentación son los miembros del equipo editorial de la RASE.

 

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CRÉDITOS:
En este documento de Eduteka solo se incluyó la Presentación del Número 2 correspondiente al Volumen 13 de la Revista de Sociología de la Educación (RASE) – Especial COVID-19. 

Publicación de este documento en EDUTEKA: Junio 23 de 2020.
Última actualización de este documento: Junio 23 de 2020.

url: http://www.eduteka.org/articulos/rase-educar-en-epoca-de-confinamiento
Autor: José Beltrán y Mar Venegas (coord.)
Documento Impreso: 2020-07-14 22:34:07 | 190